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Un gesto cotidiano puede contener matices o, mejor dicho, efectos machistas y provocar ambientes de desigualdad en diferentes áreas como en el trabajo. El reto que tenemos que romper (no hay mejor forma de describir la situación) es el techo de cristal, y con actitudes como el mansplaining o dar dos besos (o uno) en reuniones o en trabajos de equipo, la meta final está alejada y me refiero a la igualdad laboral.

Laura Alzola Kirschgens, quien recientemente publicó su primer libro llamado No os recuerdo, escribió el siguiente tweet que se hizo viral al momento: Que no vuelvan los dos besos a las mujeres en el ámbito profesional, por favor. Te imaginarás que a los segundos centenares de personas contestaron al tweet, y entre esas repuestas, para mi sorpresa, fueron testimonios de mujeres de diferentes edades contando vivencias o simplemente cómo se sienten. Por cierto, no podían faltar esos tweets haciendo referencia a que a las feministas nos molesta todo y queremos cambiar costumbres o tradiciones.

Me quedo con los siguientes tweets: “Yo lo he llegado a pedir por escrito en la universidad, para que se incorpore como protocolo el trato igualitario, no tener que estar las mujeres besando a todo el mundo mientras los hombres con estrechar la mano cumplen el protocolo!”, de la usuaria @mariangel_pe o “Completamente de acuerdo. Ya hace tiempo que empecé la práctica de alargar la mano para que ya desde lejos me vieran venir. Y si alguno me agarraba la mano para darme los dos besos le soltaba es que yo no doy besos en el ámbito profesional. Y luego era "la borde", pero compensa!” de @MarinmaD.

Dar dos besos, dejar pasar antes a la mujer cuando se entra a un local, apartar la silla o preguntar si estás segura de lo que está diciendo, son actitudes que hemos sufrido todas las mujeres, e incluso esas mujeres que ni son feministas ni son machistas.

La comunicación tanto verbal como no verbal es necesaria para vivir un cambio, y me refiero a un giro radical y que se sitúe en la igualdad y diversidad. Muchos de los gestos que habíamos eliminado en el inicio de la pandemia por miedo al contagio (hay que seguir manteniendo la distancia, la pandemia no acabó) como un abrazo o un beso, están volviendo, por ese motivo es buena ocasión para replantearnos esas actitudes que se hacían como tradición machista y que ya es hora de cambiarlas.

Rebeca Marín, periodista, escritora y autora del libro Este libro es un COÑAZO me contó en relación con la importancia de una comunicación igualitaria que “el lenguaje es la herramienta más poderosa que tenemos, tan poderosa que se puede usar para hacer el bien y también el mal. Tiene el poder de ocultar, cuando se habla de niños y no de niños y de niñas, es decir, se está tapando a la mitad de la población”.

En el libro Este libro es un COÑAZO, Rebeca refleja mediante acertijos o frases hechas cómo el lenguaje es machista. “La comunicación es esencial y el lenguaje no verbal igual. Dejar pasar a una mujer es un gesto que podría parecer tan solo de educación básica, pero la realidad es que proviene de costumbres patriarcales desactualizadas. Yo dejo pasar a alguien o sentarse en el metro si es una persona mayor, por ejemplo, pero al margen de si es hombre o mujer, eso es igualdad. Que el hombre sea el que lo haga únicamente establece dos roles diferentes y dos posiciones desiguales”.

El machismo está en situaciones cotidianas y mucho más en el ámbito laboral. Volviendo al tweet de Laura, las mujeres hemos tenido que aguantar tantas situaciones en el trabajo, ya que es el espacio donde la conquista de la igualdad es más complicada. Normalmente esos besos de los que habla Laura se dan en salas de reuniones que, supuestamente, están intentando un equilibrio de género, pero cada día que pasan ponen nuevas excusas las empresas.

“Soy directora de un equipo de 20 personas y todos los días me encuentro nuevos retos machistas”, argumenta Carmen. Ella tiene 50 años, es madre, vive en Madrid y desde hace cinco años está dirigiendo un equipo de social media en una agencia de marketing (me pidió que no nombrará la empresa por miedo a consecuencias). “Aunque soy la directora, en ocasiones algunos empleados en reuniones me cortan cuando estoy hablando y no aportan ningún dato, sino que vuelven a reafirmar mis órdenes o las ponen en duda. Antes no me daba cuenta, pero desde que mi hija me empezó hablar sobre el mansplaining, me di cuenta de que sufría de desigualdad en mi trabajo”.

Carmen reconoció que vivía situaciones de machismo en un espacio en el que pasa casi todo el día gracias a su hija. “Gracias a la educación igualitaria que reciben mis hijos en el colegio voy conociendo poco a poco cuáles son mis derechos y qué micromachismos en el lenguaje verbal y no verbal tengo que esquivar”, y enfatizó en la importancia de crear ambientes de trabajo seguro para las mujeres: “A mí me costó mucho llegar a donde estoy ahora y no quiero que mi hija cuando sea mayor se encuentre la misma situación que yo viví”. Carmen no tolera dos besos de clientes o personas con las que se reúne, siempre se adelanta y da la mano con firmeza.

Con el fin de comprender mejor qué consecuencias tiene dar dos besos en reuniones, hablé con Nuria Coronado Sopeña, periodista especializada en feminismo y autora de libros como Hombres por la igualdad o Mujeres de frente y me respondió con claridad que “el saludo es un acto de comunicación que nos conecta y aproxima hacia la otra personas, en otras palabras, es una forma de marcar poder y territorio”, prosiguió describiendo que en el momento del saludo “curiosamente, mientras los hombres siempre guardan las distancias, con las mujeres cuando se las saludan o nos saludan, se saltan e incluso se invaden las distancias sociales. No hay un trato de igual a igual”.

Nuria me hace reflexionar a través de esta opinión: “Las mujeres hemos agradecido esa distancia, y por lo tanto igualar el saludo a los hombres. Dejar de saludar como se espera de un sexo frente a otro no es una falta de educación sino un gesto de igualdad y además mucho más rápido de zanjarse que con dos besos”.

Como periodista me pregunté qué herramientas tienen que usar los medios de comunicación para establecer un lenguaje verbal y no verbal, y Nuria me puso un ejemplo que todas las personas encargadas de dirección tienen que aplicar: ¿Cuántos nombres de presentadoras de televisión puedes decirme que tienen más de 40 años o un físico alejado de la delgadez? ¿Cuántas aparecen con canas o son bajitas? Lo que no se ve no existe. Sin embargo, si nos preguntamos cuántos hombres aparecen sin problema luciendo barriga, canas, alopecia la respuesta de nombres que nos vienen a la cabeza es amplia. Los hombres tienen profesión y nadie se la discute. A las mujeres se nos exige un canon de belleza y luego después currículum.

En los casos que expone Nuria se introduce el machismo, el techo de cristal y los cánones de belleza que al día de hoy las mujeres sufren. Olga Viza, periodista de deportes durante 20 años estuvo presentando la sección de deporte en España, y con la llegada de mujeres con una belleza aprobada por las revistas de la moda y la sociedad, desapareció de antena. ¿Qué pasó? Te lo puedes imaginar, aunque ella habló de forma sutil del suceso, en el programa de Salvados de Jordi Évole. El programa se emitió en el 2007 y en ese año no se pensaba cuáles eran los factores, pero al día de hoy son muy claros.

Si has dialogado con alguien sobre el tema de dar dos besos y te han dicho que son costumbres, argumenta como me respondió a mí Rebeca: “Las costumbres son de las cosas más complicadas de corregir, parece que porque se han repetido en el tiempo se les otorgó una legitimidad supina”, describió y continúa indicando que aunque “el lenguaje es de lo más flexible que existe, antes no existía la palabra alunizar porque no habíamos llegado a la luna y posteriormente se usa con normalidad. Creo que deberíamos tomar nota y aprovechar la coyuntura de esta pandemia para corregir comportamientos, que insisto, porque sean tradición o costumbre no quedan validados. Antes también se tiraba una cabra del campanario y hoy afortunadamente no. Podemos aprender y corregirnos, pero solo si queremos”.

En este reportaje sobre los gestos machistas en un ámbito laboral no pueden faltar datos reales de cómo es la situación actual de la mujer. La Organización Mundial del Trabajo publicó en el 2018 su informe más actualizado sobre qué porcentaje de brecha de género hay en cada país y nos quedamos con los siguientes datos: Argentina cuenta con un 26 %, Chile se sitúa en un 23 %, México un total de 34.9 % y en España en 11.6 %.

Aunque en España tenga un dato bajo, el objetivo es llegar al número cero. Países que son referente en temas de igualdad como Islandia tienen un 9 % de brecha de género o Noruega con un 6.8 %. Ambos países cuentan con mayor presencia de mujeres en sus Gobiernos.

source https://www.vice.com/es_latam/article/akvdap/saludar-de-beso-a-las-mujeres-en-el-trabajo-es-machista

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