fbpx

“Este artículo fue creado en colaboración con Amnistía Internacional. Haga clic aquí para participar en Escribe por los derechos en México, o aquí para participar en Argentina. Tu simple acción podría cambiar la vida de alguien ".

El 25 de marzo de 2019, un pequeño bote inflable partió de Garabulli, un pueblo costero a una hora al este de Trípoli, Libia. A bordo iban aproximadamente 114 personas, incluidos al menos 15 niños y niñas, que buscaban seguridad, refugio y una nueva vida en Europa.

Después de unas horas en el mar, cuando el bote sobrecargado comenzó a balancearse, parecía que su destino sería el mismo que el de muchas otras personas han intentado ese traicionero viaje a través del Mediterráneo. Pero al día siguiente, después de muchas horas traumáticas y aterradoras en el mar, los tripulantes del bote inflable vieron el El Hiblu 1, un buque mercante en ruta de Estambul a Trípoli. Cuando el buque llegó hacia ellos, un miembro de la tripulación les dijo que detuvieran los motores y subieran a bordo.

Al darse cuenta de que El Hiblu 1 no era un barco de rescate, los que estaban en el bote inflable preguntaron hacia dónde se dirigían. Un tripulante les dijo que se dirigían a Trípoli. Ante el peligro inminente de ahogarse y después de que la tripulación les asegurara que no serían devueltos a Libia, la mayoría, incluidos tres jóvenes de 15, 16 y 19 años, subieron a bordo. Seis hombres, demasiado asustados por el riesgo de ser llevados de regreso a Libia, decidieron permanecer en el bote. Su destino sigue siendo desconocido.

Una vez a bordo, el primer oficial de El Hiblu 1, que hablaba inglés, volvió a decirle a los rescatados que no los devolvería a Libia. Confió en el menor de los tres jóvenes, que en ese momento tenía 15 años y uno de los pocos que hablaba inglés con fluidez, para traducirle la información a las otras personas a bordo.

“[El primer oficial] juró por el Corán que nunca nos llevaría de regreso a Libia”, dice el adolescente más joven, al que llamaremos Ibrahim.

Tranquilos y finalmente a salvo, los rescatados se durmieron.

En la mañana del 27 de marzo, dos días después de haber partido de Garabulli, el grupo se despertó viendo la costa de Libia en el horizonte. Les habían mentido.

“La gente empezó a llorar y gritar porque tenían miedo de volver y algunos tenían hijos”, dijo Ibrahim a Amnistía. “Gritaban '¡No queremos ir a Libia!’ ‘¡Preferimos morir!’ Porque si te llevan de regreso a Libia, te meten a un cuarto, te torturan y sólo comes una vez al día. Cuando llevan a las mujeres a la cárcel, los libios eligen las que les gustan y se las llevan a la fuerza. Y hay gente que te mete en una cárcel privada y llama a tu familia para pedirle dinero por dejarte en libertad".

EL HIBLU 3. FOTO © AMNESTY INTERNATIONAL / JOANNA DEMARCO

EL HIBLU 3. FOTO © AMNESTY INTERNATIONAL / JOANNA DEMARCO

El ambiente en el buque era frenético. Ante la perspectiva de ser devueltos a Libia y la amenaza de tortura, violación y muerte, los que estaban en cubierta entraron en pánico.

“[El primer oficial] me invitó a entrar a la cabina, tratando de explicarme porqué decidió llevarnos a Libia”, dijo Ibrahim a VICE. “Después de [explicarme] eso, me pidió que hablara con la gente para calmarlos, pero no pude calmar la situación y traté de convencerlo [de que retrocediera] diciéndole las consecuencias que sufriríamos si nos llevaba de regreso a Libia. Finalmente, pudimos convencerlo".

Para asegurarle que cumpliría su palabra, el primer oficial le dijo a Ibrahim y a los otros dos adolescentes que podían permanecer en la cabina para verificar la dirección del barco en las pantallas de navegación.

“El trato en la cabina fue amistoso”, recuerda Ibrahim. “No hubo violencia. En resumen, creo que el primer oficial sintió pena por nosotros”.

Al día siguiente, el 28 de marzo de 2019, las Fuerzas Armadas de Malta ordenaron que el barco se detuviera antes de ingresar a las aguas territoriales del país. A pesar de la calma a bordo, El Hiblu 1 comunicó a las autoridades que las personas rescatadas habían tomado el control del barco y estaban obligando a la tripulación a avanzar hacia la costa maltesa.

En las horas siguientes, miembros de las Fuerzas Armadas abordaron el buque. A bordo, no encontraron evidencia de heridos o violencia; en cambio, un poco más de 100 personas asustadas y exhaustas acurrucadas en la cubierta.

Cuando el barco atracó, los tres chicos fueron arrestados. Después de ser llevados directamente al cuartel general de la policía, fueron acusados ​​de una letanía de delitos graves, incluidos cargos relacionados con el terrorismo. Los tres, incluidos los dos menores, fueron inicialmente detenidos en la sección de alta seguridad de la prisión de Corradino, un centro de detención para adultos. Posteriormente, los dos niños serían trasladados a un centro de detención de menores. Tardaron casi ocho meses en ponerlos en libertad bajo fianza, el 20 de noviembre de 2019.

Un año después, los tres, todos viviendo en centros abiertos para solicitantes de asilo en Malta, todavía esperan juicio.

"Hasta el día de hoy, no está muy claro para ellos ni para nosotros por qué fueron acusados ​​y encarcelados en primer lugar", dice Jelka Kretzschmar, quien apoya a los tres desde la organización Sea-Watch. “Fueron rescatados de un bote, con más de 100 personas, y si hicieron algo, es tratar de evitar ser devueltos a un destino brutal en Libia. Deben celebrarlos por haber llegado a un puerto seguro y por evitar que 108 personas fueran devueltas a un lugar donde enfrentan tortura, violación y esclavitud. Hace apenas unos meses, tres adolescentes sudaneses fueron asesinados a tiros después de ser devueltos a Libia”.

Quote_Spanish.png

La historia parece la trama de un thriller de Netflix, pero para los jóvenes, conocidos como El Hiblu 3, no podría ser más real. Si son procesados, se enfrentan a cadena perpetua. Aunque todavía se están recopilando pruebas, la policía y el primer oficial del barco han declarado que no hubo violencia. Hasta la fecha, ninguno de los otros pasajeros rescatados ha sido entrevistado ni se les ha ofrecido la oportunidad de declarar. Los informes de los medios de comunicación sobre los procedimientos judiciales confirman que no hubo violencia ni daños en el barco. Y, sin embargo, las acusaciones siguen cobrando importancia y representan una amenaza a la vida de estos tres jóvenes.

El caso se produjo cuando las tensiones en Malta aumentaron. Entre 2013 y 2017, decenas de miles de personas intentaron cruzar de Libia a Europa cada año. En ese momento, Italia estaba realizando o coordinando la mayoría de los rescates y protegiendo a Malta de muchas de las llegadas.

A medida que el clima político en Europa ha empeorado, y las imágenes como las del cuerpo de Alan Kurdi de tres años arrojado en una playa en Turquía se han desvanecido de la memoria colectiva, muchas de estas operaciones de rescate han cesado. A pesar de una disminución general en el número de personas que llegan a la región, Malta ha experimentado un aumento, lo que ha llevado a muchos políticos y medios de comunicación de la isla a declarar que la situación está “fuera de control”.

“Las autoridades maltesas han utilizado tácticas peligrosas e ilegales, incluidos los regresos a Libia, para evitar la llegada de refugiados y migrantes a sus costas”, dice Matteo de Bellis, investigador sobre asilo y migración de Amnistía Internacional. “El gobierno también ha apoyado la estrategia de Europa de ayudar a la Guardia Costera Libia a atrapar personas en Libia, incluso si esto expone a mujeres, hombres y niños a detenciones arbitrarias, torturas, violaciones, asesinatos y explotación. En este contexto es que debemos comprender lo que sucedió en El Hiblu. Cuando un grupo de refugiados y migrantes protestó en contra de ser devueltos a Libia para enfrentar horrores que conocían demasiado bien, las autoridades maltesas optaron por retratarlos y tratarlos como criminales peligrosos. Como resultado, tres niños que solo querían estudiar, trabajar para mantener a sus familias y jugar futbol, ​​terminaron tras las rejas”.    

En este contexto, la situación de El Hiblu 3 parece sombría. El mayor está casado y tiene un hijo pequeño nacido en Malta. El mediano se enfrenta a ser trasladado de un centro abierto juvenil para migrantes a un centro para adultos, lo que significa que ya no estará para brindar apoyo al más joven, que también vive en el centro y simplemente desea poder ir a la escuela y seguir con su vida.

"Estos tres niños, porque en realidad son niños, lo único que querían hacer era ayudar al primer oficial a hablar con la gente", dice Neil Falzon,  su abogado. “Tres niños atrapados en medio de esta compleja situación política, legal y comercial, son chivos expiatorios en realidad y es una desgracia para el joven de 16 años que supiera hablar inglés. Es ridículamente injusto que los traten de esta manera. Tienen toda la vida por delante, pero están en espera debido al intenso estrés de este momento".

Haz clic aquí para participar en Escribe por los derechos en México, o aquí para participar en Argentina. Esta simple acción de tu parte podría ayudar a presionar a las autoridades maltesas para que retiren todos los cargos contra los tres y les permitan vivir su vida libres de la amenaza de la prisión.

source https://www.vice.com/es_latam/article/3anb3y/tres-jovenes-podrian-enfrentar-cadena-perpetua-por-evitar-el-regreso-de-108-refugiados-a-libia

Pin It on Pinterest

Share This

Share This

Share this post with your friends!